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No tenemos dudas de que en las últimas décadas, en comparación con nuestros abuelos y bisabuelos, hemos perdido de manera notoria nuestra vitalidad diaria. Las generaciones precedentes estaban más en sintonía con los aspectos naturales esenciales y gracias a ello podían llevar una vida con mayor armonía que la nuestra.
Por otro lado, estaban privados de muchos de los avances de hoy en día, especialmente aquellos relacionados con la medicina moderna con su excelencia para atender accidentes, minimizar los riesgos de un parto complicado, enfrentar enfermedades infecciosas cuando son sobrepasadas las defensas naturales y un sinnúmero de beneficios que ahora disponemos al contar con los adelantos médicos y tecnológicos.
Ninguno de nosotros pretende perder estos beneficios, sino reconocer que con el paso de los años nos hemos ido desconectando de fuentes esenciales de vitalidad, las cuales son una necesidad básica e irremplazable para el ser humano desde los inicios de su vida.
En los últimos 200 años comenzaron a aparecer de manera acelerada una infinidad de alternativas artificiales —energía eléctrica, medios de transporte, comunicaciones, megaciudades, plásticos, productos químicos, entre otras— que nos han ido alejando de aquello que la naturaleza propone para el desarrollo de nuestras vidas.
Es apelando al sentido común, justamente, que podremos recuperar esas necesidades vinculadas con la naturaleza, sin dejar de hacer un uso racional de los avances que disponemos en la actualidad, para obtener así un equilibrio que nos permita mantener y/o recuperar nuestra salud. 

Parte 2: Nutrición de energía

Extracto de la introducción del libro:
Elegí Sentirte BienDr. Luis Maria Delupi

 

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